A la memoria de Hans Herrmann, legendario ganador de las 24 Horas de Le Mans con Porsche

Piloto con 18 participaciones en Grandes Premios de Fórmula 1, figura clave del inolvidable final de las 24 Horas de Le Mans de 1969 y ganador absoluto de la edición de 1970 junto a Richard Attwood en el legendario Porsche 917, Hans Herrmann falleció este jueves 9 de enero a los 97 años.

Herrmann fue el último piloto de Fórmula 1 superviviente que logró subir al podio en la década de 1950. El alemán disfrutó de una carrera larga y extraordinaria en una época en la que competir al máximo nivel era sinónimo de riesgo permanente. No por casualidad, el mundo del automovilismo lo apodó “Hans im Glück” (Hans el Afortunado), tras sobrevivir a múltiples accidentes espectaculares de los que salió prácticamente ileso.

De la audacia a la élite del automovilismo

La trayectoria de Hans Herrmann está profundamente ligada a Porsche, aunque su carrera abarcó mucho más. En 1954 dejó una de las anécdotas más célebres del automovilismo durante la Mille Miglia, cuando, al volante de un Porsche 550 Spyder, decidió no frenar ante un paso a nivel cerrado. Golpeó el casco de su copiloto Herbert Linge para que agachara la cabeza y ambos pasaron por debajo de las barreras, esquivando por centímetros a un tren que se aproximaba, ante la incredulidad del público.

Ese episodio reflejaba la audacia que caracterizó toda su carrera. Poco después, Herrmann firmó con Mercedes-Benz, compitiendo tanto en pruebas de velocidad como en seis Grandes Premios de Fórmula 1 al volante del avanzado W196. Su mejor resultado en la categoría llegó en el GP de Suiza de 1954, disputado en el peligroso circuito de Bremgarten, donde finalizó tercero.

El abrupto final del programa deportivo de Mercedes tras la tragedia de Le Mans 1955 frenó su progresión en la F1. Herrmann continuó compitiendo con equipos privados antes de regresar a Porsche a comienzos de los años 60, sin lograr resultados destacados en monoplazas, pero acumulando experiencia clave para su futuro en la resistencia.

El duelo inmortal de Le Mans 1969

Fue en las carreras de resistencia donde Hans Herrmann construyó su verdadera leyenda. Ya en 1958 había logrado una victoria de clase y el tercer puesto general en Le Mans junto a Jean Behra. Pero su nombre quedó grabado para siempre en la historia del automovilismo en 1969, en una de las ediciones más memorables de las 24 Horas de Le Mans.

Al volante de un Porsche 908 LH, compartido con Gérard Larrousse, protagonizó un duelo épico contra el Ford GT40 de Jacky Ickx y Jackie Oliver. Durante las vueltas finales, Ickx y Herrmann se intercambiaron el liderato en múltiples ocasiones, hasta que el belga se impuso por apenas 120 metros, en una de las llegadas más ajustadas de todos los tiempos.

La victoria que cambió la historia de Porsche

Lejos de rendirse, Herrmann regresó a Le Mans en 1970 con una misión clara. Esta vez contaba con el arma definitiva: el Porsche 917 K. Junto al británico Richard Attwood, partió desde la 16.ª posición y adoptó una estrategia conservadora, dejando que Ferrari y otros 917 lucharan al frente.

La paciencia dio resultado. Bajo una intensa lluvia y aprovechando los problemas mecánicos de sus rivales, el Porsche 917 rojo y blanco escaló posiciones hasta cruzar la meta en primera posición, con cinco vueltas de ventaja. Aquella victoria supuso el primer triunfo absoluto de Porsche en las 24 Horas de Le Mans, un hito que marcaría el inicio de una era dominante para la marca alemana.

El Porsche 917K que ganó la carrera de Le Mans conducido por Hans Herrmann y Richard Attwood en 1970. © DPPI

Una promesa cumplida

Tras aquel éxito histórico, Hans Herrmann cumplió una promesa que le había hecho a su esposa, Magdalena: si ganaba Le Mans, se retiraría. Fiel a su palabra, colgó el casco definitivamente al final de 1970.

Sin embargo, nunca se alejó del automovilismo. Hasta bien entrada la década de 2020, Herrmann siguió participando en eventos históricos organizados por Porsche y Mercedes, e incluso conduciendo autos de competición clásicos, siempre con la misma elegancia y sonrisa tranquila que lo caracterizaron.

Con su fallecimiento, el automovilismo despide a una figura irrepetible, símbolo de una era valiente, romántica y peligrosa, y protagonista de algunos de los capítulos más memorables de la historia de las carreras.

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