Kimi Antonelli convirtió un domingo que parecía imposible en una de las victorias más especiales de su carrera. El italiano remontó desde la 19.ª posición para ganar el Gran Premio de Italia en Monza, superando a su compañero George Russell y convirtiéndose en el primer piloto italiano en seis décadas en subir a lo más alto del podio en el templo de la velocidad. Pierre Gasly, que había sorprendido con la pole, terminó séptimo.
Hay carreras que se ganan desde la primera fila y otras que construyen una historia. Kimi Antonelli pertenece ahora al segundo grupo.
El piloto de Mercedes partía desde la 19.ª posición después de la penalización que recibió por utilizar una nueva unidad de potencia, pero terminó el Gran Premio de Italia en lo más alto del podio. Su remontada igualó la segunda mejor recuperación de posiciones de la historia de la Fórmula 1, un registro que hasta ahora compartía Bill Vukovich desde las 500 Millas de Indianápolis de 1954.
Antonelli no consiguió el récord absoluto de John Watson, que ganó el Gran Premio del Oeste de Estados Unidos de 1983 partiendo desde la 22.ª posición. Pero en Monza consiguió algo posiblemente todavía más especial: ganar en casa delante de los tifosi y entrar en la historia del automovilismo italiano.
De la 19.ª posición al liderato
La carrera comenzó a ponerse de cara para Antonelli desde los primeros metros. Una excelente salida le permitió avanzar hasta la 13.ª posición antes de que Charles Leclerc provocara la bandera roja al final de la segunda vuelta tras salirse de la pista en la Parabólica.
El abandono de Leclerc fue otro golpe para Ferrari en su Gran Premio de casa. El monegasco había comenzado desde la segunda fila y protagonizó incluso una intensa defensa sobre Lewis Hamilton en la primera chicana, pero su carrera terminó demasiado pronto.
La interrupción permitió a Antonelli reorganizar su estrategia y continuar con una remontada que, vuelta a vuelta, empezó a parecer posible.
Mientras tanto, Pierre Gasly disfrutaba de las primeras vueltas como líder. El francés había convertido su sorprendente pole del sábado en una posición de privilegio real y llegó a defenderse con uñas y dientes frente a los McLaren.
Pero detrás de él Mercedes tenía otras cartas.

Mercedes terminó jugando sus propias cartas
George Russell consiguió tomar el liderato y durante buena parte de la carrera tuvo que contener los ataques de Max Verstappen. Antonelli, entretanto, se acercaba cada vez más a la pelea por la victoria.
Cuando el italiano alcanzó la segunda posición, Mercedes tuvo que tomar una decisión delicada: pedirle que no atacara a su compañero para permitir que Russell intentara construir una ventaja frente a Verstappen.
La estrategia terminó siendo decisiva.
El abandono de Lance Stroll provocó un coche de seguridad virtual en la vuelta 29 y permitió que Antonelli y Verstappen realizaran su parada. La carrera cambió entonces de ritmo y los protagonistas volvieron a encontrarse en la pelea por las posiciones delanteras.
Antonelli tuvo que esperar.
En la vuelta 49 intentó adelantar a Russell en la primera chicane, pero se pasó de frenada y se salió de pista. Un giro después no cometió el mismo error. El líder del campeonato volvió a atacar y esta vez completó el adelantamiento.
De la última fila al primer puesto. Monza ya era suyo.
Un italiano vuelve a ganar en Monza
La victoria tuvo además un valor histórico. Hacía 60 años que un piloto italiano no ganaba el Gran Premio de Italia en Monza.
Antonelli rompió esa espera precisamente en el momento en el que más presión tenía sobre sus hombros. No solo es el líder del campeonato y uno de los grandes protagonistas de la nueva generación de la Fórmula 1: ahora también es el piloto italiano que volvió a conquistar Monza.
Russell terminó segundo y Verstappen completó el podio, mientras que los McLaren de Lando Norris y Oscar Piastri protagonizaron una intensa batalla por las posiciones siguientes.
Lewis Hamilton, que había comenzado con aspiraciones de podio, terminó sexto después de perder rendimiento durante la parte final de la carrera.

Gasly no pudo convertir la pole en podio
Para Pierre Gasly, el domingo tuvo un sabor muy diferente.
El piloto de Alpine había protagonizado la gran sorpresa del sábado al conseguir la primera pole de su carrera, precisamente en Monza. Durante las primeras vueltas incluso logró mantenerse al frente y defenderse de los coches favoritos.
Pero la lógica de la temporada terminó imponiéndose.
Gasly luchó con Norris por el sexto puesto y consiguió mantenerse durante un buen tramo en la pelea, aunque finalmente los McLaren y Mercedes terminaron imponiendo su superioridad. El francés cruzó la meta séptimo, un resultado que sigue siendo excelente para Alpine, aunque inevitablemente deja la sensación de que aquella pole podía haber desembocado en algo todavía mayor.
Franco Colapinto completó el resultado del equipo con un noveno puesto. El argentino había llegado a rodar cuarto después de una gran salida, pero perdió muchas posiciones tras cometer un error en la segunda curva de Lesmo durante la reanudación.
Arvid Lindblad terminó octavo y Yuki Tsunoda décimo, manteniendo a Racing Bulls por delante de Alpine en la lucha por los puntos.

Monza ya tiene un nuevo héroe
La pole de Gasly había sido la gran historia del sábado. El domingo, sin embargo, Monza escribió otra.
Kimi Antonelli salió desde la 19.ª posición y terminó levantando el trofeo delante de su público.
A sus espaldas quedaron su compañero de equipo, el campeón Verstappen y los dos McLaren. Y por encima de todos los récords de precocidad que ya acumula, esta vez Antonelli consiguió algo que no se puede medir con una estadística: convertirse en el nuevo héroe italiano de Monza.
La Fórmula 1 abandona Italia con un líder del campeonato todavía más fuerte y con una certeza que hace unos meses parecía difícil de imaginar: el futuro de Mercedes ya tiene un rostro, y en Monza ese rostro se convirtió también en historia.
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