Al volante del dominante Ferrari F2002, el alemán protagonizaba una de las temporadas más aplastantes que se recuerdan. Después de conquistar los campeonatos de 2000 y 2001, Schumacher llegó a Magny-Cours con siete victorias y diez podios en las diez primeras carreras del año, por lo que solo necesitaba ampliar su ventaja para sellar el título con seis pruebas aún por disputarse.
Una carrera con dramatismo hasta el final
Juan Pablo Montoya, piloto de Williams, intentó retrasar la coronación del alemán al conseguir la pole position. Sin embargo, en carrera el ritmo del Ferrari volvió a marcar la diferencia.
No todo fue sencillo para Schumacher. Tras una de sus paradas en boxes, cruzó la línea blanca de salida del pit lane y recibió una penalización de stop-and-go, lo que permitió que Kimi Räikkönen, en su primera temporada con McLaren, asumiera el liderato y se acercara a la que habría sido su primera victoria en Fórmula 1.
Pero Schumacher no bajó los brazos y comenzó una intensa persecución sobre el piloto finlandés.
A pocas vueltas del final, Räikkönen perdió el control de su McLaren al pisar una mancha de aceite en la horquilla de Adelaida. Schumacher aprovechó la oportunidad para recuperar el liderato y cruzó la meta en primera posición, asegurando así el campeonato.
«Las vueltas más difíciles de mi vida»
Tras la carrera, Schumacher recordó la enorme presión que sintió durante los últimos giros.
«Una vez que tomé la delantera comenzaron las vueltas más difíciles de mi vida, porque me di cuenta de lo que estaba haciendo y simplemente no podía parar. Sentía un peso enorme sobre mis hombros. Cuando crucé la meta sentí una explosión de emociones porque comprendí lo importante que era esta victoria para mí y cuánto amo este deporte.»
El alemán añadió que cada campeonato tenía un significado especial.
«Todos los títulos son especiales, cada uno a su manera. Es como las victorias: nunca te acostumbras a ellas.»
Un récord que aún permanece
Con seis Grandes Premios todavía por disputarse, Schumacher se convirtió en el campeón más temprano de la historia de la Fórmula 1, un récord que continúa vigente.
Aquel quinto título igualó la marca de Juan Manuel Fangio, aunque el piloto alemán seguiría ampliando su legado con los campeonatos de 2003 y 2004, convirtiéndose en el primer piloto en conquistar cinco títulos mundiales consecutivos y alcanzando un total de siete campeonatos, además de 91 victorias, una cifra que durante años fue el récord absoluto de la categoría.