Las estadísticas pueden utilizarse de muchas maneras. A veces iluminan una realidad; otras, la distorsionan. Y en el caso de Oscar Piastri, los números de la temporada pasada pueden servir tanto para cuestionar su campaña como para explicar por qué sigue siendo uno de los nombres más peligrosos de cara a 2026.
Tras el título mundial de Lando Norris, dos cifras relacionadas con su compañero de equipo captaron especialmente la atención. Piastri terminó tercero en el campeonato, pese a haber liderado la clasificación durante buena parte del año. De hecho, acumuló 15 Grandes Premios consecutivos como líder, desde Arabia Saudita hasta Ciudad de México, lo que se tradujo en 189 días al frente del campeonato, ambos récords para un piloto que no acabó llevándose el título.
Es cierto que el calendario actual, con 24 carreras, facilita la acumulación de este tipo de registros. Pero también implica un desafío mayor: más oportunidades para que una racha se rompa y una exigencia extrema de consistencia para mantenerse en cabeza durante tanto tiempo. En ese contexto, los números de Piastri adquieren otra dimensión.
Aun así, esas estadísticas han reforzado una narrativa muy extendida: la de un campeonato “perdido” que parecía estar a su alcance. Se comparta o no esa lectura, lo que resulta injusto es que esa conclusión eclipse la evolución sostenida del australiano.
Crecer bajo presión
Norris y Piastri han progresado en paralelo en McLaren, pero conviene recordar que los tres años que llevan como compañeros de equipo representan toda la trayectoria de Piastri en la Fórmula 1. Cuando lideró por primera vez el campeonato, apenas sumaba 51 participaciones, una cifra baja frente a la de muchos campeones y aspirantes históricos. Norris, por ejemplo, necesitó 152 Grandes Premios antes de conquistar su primer título mundial.
De cara a 2025, McLaren aparecía como un equipo con potencial real para luchar por el campeonato. Aunque Max Verstappen seguía siendo el favorito para muchos, Norris concentraba más expectativas que Piastri. No era un desaire al australiano, sino una cuestión de experiencia: Norris había terminado 2024 como el rival más consistente de Verstappen, mientras que Piastri cerró ese año cuarto, apenas dos puntos por delante de Carlos Sainz, y con solo dos victorias internas frente a su compañero en las primeras diez carreras.
Las primeras victorias de Piastri llegaron en la segunda mitad de la temporada, con momentos destacados como su adelantamiento a Charles Leclerc en Bakú. En ritmo de carrera, ya estaba mucho más cerca de Norris que el año anterior, aunque la clasificación seguía siendo un punto débil: 20-4 a favor de Norris.
El salto de calidad en 2025
Doce meses después, el panorama había cambiado de forma radical. Sin mirar la tabla de puntos, el progreso de Piastri resultaba evidente. El duelo en clasificación fue extremadamente parejo, con Norris imponiéndose 13-11, una diferencia mínima que se decidió en Abu Dhabi por apenas 0,029 segundos. En carrera, Norris mantuvo una ligera ventaja (14-10), pero incluso ahí la brecha se redujo de manera significativa.
Como destacó el director del equipo, Andrea Stella, Norris trabajó intensamente en sus puntos débiles y eso se reflejó en una mayor consistencia hacia el final de la temporada. Pero Piastri también había dado pasos importantes, especialmente durante la pretemporada, y eso se notó a lo largo de buena parte del año.
El hecho que el australiano no haya logrado el título no debería ocultar el enorme salto que dio entre 2024 y 2025.

Aprender rápido, incluso a la fuerza
Una entrevista realizada a mitad de temporada ayuda a entender mejor su proceso de crecimiento. Piastri reconocía entonces el peso de la experiencia en la F1 y lo diferente que resulta este entorno frente a las categorías formativas, donde rara vez se compite más allá del segundo o tercer año.
Aceptaba también que no todo se aprende observando: algunas lecciones solo llegan “a las malas”. Y eso fue exactamente lo que ocurrió en el último tercio de la temporada, cuando atravesó su fase más complicada. Sin embargo, su capacidad de recuperación fue igual de reveladora: estuvo cerca de ganar en Qatar y cerró el año al mismo nivel de Norris en Abu Dabi.
Tras el final de la temporada, el propio Piastri fue claro al evaluar su año: más allá del resultado final, había demostrado de lo que era capaz y había salido fortalecido. Para él, ese aprendizaje no siempre se refleja directamente en la clasificación, pero sí en el piloto que será a futuro.
Un rival muy serio para 2026
Si algo enseñan los últimos años es que la capacidad de mejora de Piastri es uno de sus mayores activos. Todo indica que volverá a dar un paso adelante en 2026. Y si ese progreso se materializa, lo convertirá en un rival formidable no solo para Norris —que llegará con la confianza de un título mundial—, sino para cualquiera con aspiraciones al campeonato.
Que ese avance pareciera casi inevitable hace apenas un año es, en sí mismo, una señal de la impresionante trayectoria de Piastri desde su llegada a la Fórmula 1. No hay razón para permitir que ciertos récords incómodos opaquen una realidad mucho más clara: Oscar Piastri sigue creciendo, todavía no ha alcanzado su techo y, en 2026, ignorarlo sería un error.