Foto: Eric Alonso / DPPI

La mala racha de Sainz continúa en Monza: de héroe de Ferrari a un difícil presente con Williams

El Gran Premio de Italia volvió a ser un trago amargo para Carlos Sainz. Doce meses después de subir al podio en Monza vestido de rojo, el madrileño cerró el domingo en la undécima posición con su Williams, lejos de los puntos y envuelto en una colisión con Oliver Bearman que terminó por arruinarle la carrera.

El contraste fue evidente. Donde hace un año recibía la ovación de la afición de Ferrari tras una pole y un podio, ahora pasó casi desapercibido al volante de un monoplaza azul, rodando detrás de los coches que hasta hace poco defendía. Una imagen que simboliza su temporada: la dificultad de adaptarse a un equipo nuevo y a un coche que no termina de rendirle.

El fin de semana comenzó con destellos de esperanza. Sainz fue tercero en las dos primeras prácticas libres, pero el ritmo se diluyó en la FP3 y en la clasificación, donde apenas alcanzó el 13º puesto en la parrilla. La carrera se torció en la segunda mitad. Tras un stint largo con neumáticos medios, que cambió en la vuelta 30 más tarde de lo previsto, remontó con duros y llegó a superar a Bearman. Pero el joven de Haas respondió de manera demasiado agresiva en la Variante Della Roggia y ambos coches terminaron tocándose. La FIA señaló al británico como responsable, sancionándolo con dos puntos en su superlicencia, pero el daño ya estaba hecho para el español.

“Me arruinó la carrera con los daños que causó. Fue un día difícil en la oficina”, resumió Sainz, visiblemente frustrado. “No voy a mentir, empieza a ser frustrante, incluso deprimente”.

La falta de resultados contrasta con su compañero Alexander Albon, que volvió a sumar puntos con un séptimo lugar y se mantiene en la séptima plaza del campeonato. Sainz, en cambio, está decimoctavo y solo ha terminado por delante del tailandés en tres ocasiones este año. La presión aumenta: un piloto que con Ferrari sumó cuatro victorias y 25 podios, y que incluso fue el único capaz de derrotar a Red Bull en 2023, ahora lucha por mantenerse a flote en la zona media.

El madrileño también carga con la polémica fuera de pista. En Monza fue criticado por Isack Hadjar, que lo acusó de entorpecerle en la Q1, y en Zandvoort recibió duras palabras de Liam Lawson tras un incidente similar. Son golpes que, sumados a la falta de puntos, dibujan un panorama complicado para un piloto que necesita recuperar confianza cuanto antes.

Quedan ocho carreras para el cierre de 2025. Para Sainz, el reto es claro: revertir la dinámica negativa y reencontrarse con el rendimiento que lo llevó a ser considerado uno de los valores más sólidos de la parrilla. La revolución técnica de 2026 está a la vuelta de la esquina, y Williams lo necesita al nivel de Albon para dar el salto hacia adelante.

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