“Villeneuve: El ascenso de una leyenda” reconstruye los años de formación del mítico piloto canadiense, desde sus primeras carreras sobre la nieve hasta su llegada a Ferrari. La película se estrenará mundialmente el 19 de septiembre y busca mostrar al Gilles Villeneuve que existía antes de convertirse en uno de los grandes íconos de la Fórmula 1.
Hay pilotos que construyen una carrera. Y hay otros que terminan convirtiéndose en parte de la historia del automovilismo. Gilles Villeneuve pertenece a la segunda categoría, pero “Villeneuve: El ascenso de una leyenda” propone mirar mucho más atrás: al joven que todavía no sabía que algún día sería uno de los nombres más recordados de la Fórmula 1.
La película biográfica tendrá su estreno mundial el próximo 19 de septiembre, como cierre del Festival Internacional de Cine de Toronto. Después llegará a los cines de Quebec en noviembre y tendrá un lanzamiento internacional a comienzos de 2027, justo cuando se cumplan 50 años del debut de Villeneuve en la Fórmula 1, en el Gran Premio de Gran Bretaña de 1977.
Y precisamente ahí está uno de los grandes atractivos de la producción. La historia no comienza en Ferrari ni en los grandes escenarios de la F1, sino en los años en los que Gilles todavía estaba construyendo, casi a golpes, el piloto que quería ser.
Antes de Ferrari estaba la nieve
Mucho antes de vestir de rojo y convertirse en uno de los favoritos de Enzo Ferrari, Villeneuve fue un joven obsesionado con la velocidad.
Su aprendizaje comenzó en un entorno muy diferente al de los circuitos europeos. Las carreras de motos de nieve fueron una de sus primeras grandes escuelas, y allí no solo consiguió campeonatos: también demostró una sorprendente capacidad para modificar y desarrollar sus propias máquinas.
La película reconstruye esa etapa y la pasión que lo llevó a desafiar constantemente los límites. Desde conducir sentado en el regazo de su padre hasta protagonizar escapadas adolescentes que terminaban con el automóvil familiar destrozado, el proyecto busca mostrar que aquella personalidad al volante no apareció de repente cuando llegó a la Fórmula 1.
Era parte de Gilles desde mucho antes.
Su progresión lo llevó hasta la Fórmula Atlantic, donde se proclamó campeón en Canadá y Estados Unidos. Pero fue en 1976, en Trois-Rivières, donde comenzó a llamar realmente la atención del mundo de la F1.
Allí se enfrentó a algunas de las grandes figuras de la época, entre ellas James Hunt. El británico, que poco después se convertiría en campeón mundial, quedó impresionado por aquel desconocido canadiense y recomendó a McLaren que le diera una oportunidad.
Un año después, Villeneuve debutaría en la Fórmula 1.
La familia detrás del piloto
La producción también pretende mostrar una faceta mucho menos conocida: el hombre que existía fuera del casco.
Jacques Villeneuve, hijo de Gilles y campeón mundial de F1 en 1997, reconoce que ver aquellos años recreados en pantalla tuvo un impacto especialmente fuerte.
“Al ver el tráiler, me costó contener las lágrimas”, explicó. Para Jacques, uno de los grandes valores de la película es precisamente que no se concentra en la etapa más famosa de su padre, sino en los años que construyeron al piloto que el mundo terminaría conociendo.
Sus recuerdos familiares están ligados a esa búsqueda permanente de la velocidad. Gilles quería competir y estaba dispuesto a sacrificarlo prácticamente todo para conseguirlo. La familia incluso viajaba con él y utilizaba una autocaravana junto a los circuitos como hogar.
En uno de los episodios que retrata la producción, Gilles llegó a vender la casa familiar para financiar un asiento de competición sin informar previamente a su esposa, Joann, hasta el momento de hacer las maletas.
Detrás de la espectacularidad del piloto había, por tanto, una historia de sacrificios que también involucró a quienes lo acompañaron desde el principio.
Una película que también corre
Para recrear aquella época, la producción se trasladó al actual Circuito Gilles-Villeneuve, en Montreal, y recurrió a réplicas construidas por Race Car Replicas, compañía conocida por su trabajo en producciones cinematográficas relacionadas con el automovilismo.
Pero hubo una excepción especialmente significativa.
El Ford Mustang Boss 351 que aparece en la película no es una réplica. Es el automóvil original que Gilles Villeneuve compró y modificó, y que permaneció dentro de la familia desde entonces.
Ese tipo de detalles resume la intención del proyecto: reconstruir una época, pero hacerlo utilizando siempre que sea posible elementos que todavía mantienen un vínculo directo con Villeneuve.
El hombre detrás de la leyenda
La muerte de Gilles en Zolder, en 1982, forma parte de la historia de la Fórmula 1. Su nombre, además, permanece presente en algunos de los escenarios más importantes del automovilismo: una curva de Imola, una de Zolder y, por supuesto, el circuito de Montreal llevan su nombre. También existe un busto de bronce en la entrada del circuito de Fiorano de Ferrari.
Pero la película quiere detenerse antes de ese final conocido.
Su directora, Yan Lanouette Turgeon, recuerda perfectamente el día en que Villeneuve murió, el 8 de mayo de 1982. Curiosamente, cuando decidió comprometerse con el proyecto años después, volvió a estrechar la mano del productor Christian Larouche precisamente un 8 de mayo.
Para el director, aquella coincidencia terminó teniendo un significado especial.
Después de una década de desarrollo, “Villeneuve: El ascenso de una leyenda” llega en un momento en el que la Fórmula 1 disfruta de una popularidad global sin precedentes. Pero su objetivo no es simplemente aprovechar ese interés.
La película quiere recuperar al hombre antes del mito.
Al joven canadiense que perseguía la velocidad sin saber todavía hasta dónde lo llevaría. Al padre de familia que viajaba en una autocaravana. Al piloto que empezó compitiendo sobre la nieve y terminó siendo uno de los favoritos de Enzo Ferrari.
Porque antes de que Gilles Villeneuve se convirtiera en leyenda, fue simplemente un hombre que decidió que quería correr y no aceptó que nadie le dijera hasta dónde podía llegar.