Foto: © DPPI

¿Por qué el motor V8 podría regresar a la Fórmula 1 en 2030?

La FIA evalúa un cambio de rumbo: menos complejidad, más espectáculo y reducción de costos

La FIA analiza un giro importante en el futuro técnico de la Fórmula 1: reemplazar los actuales motores V6 turbo híbridos por una nueva generación de V8 a partir de 2030. La iniciativa, impulsada por su presidente Mohammed Ben Sulayem, busca simplificar la tecnología, reducir costos y recuperar parte del ADN sonoro que marcó una era en la categoría.


Un regreso con historia: del dominio del V8 al cambio híbrido

El motor V8 fue durante décadas una de las configuraciones más representativas de la F1. Su consolidación comenzó con el icónico Ford-Cosworth DFV, que acumuló 155 victorias entre 1967 y 1983, democratizando el acceso al rendimiento para equipos más pequeños.

Tras convivir con V10 y V12 en los años 90, el V8 se convirtió en estándar entre 2006 y 2013, cuando la FIA lo adoptó para contener costos y limitar el rendimiento de los anteriores motores V10. Su salida coincidió con el inicio de la era híbrida en 2014, donde la eficiencia energética pasó a ser el eje central.


Menos costos, misma ambición ambiental

El posible regreso del V8 no implica un retroceso en sostenibilidad. La propuesta contempla motores alimentados con combustibles 100 % sostenibles, alineados con el objetivo de la F1 de alcanzar emisiones netas cero en 2030.

Según estimaciones de la FIA, este cambio permitiría reducir hasta un 65 % los costos de desarrollo de los motores, además de bajar cerca de un 30 % el límite presupuestario asociado. La clave está en una arquitectura más simple que la actual, sin sistemas híbridos tan complejos.


Los límites del modelo actual: complejidad y “superclipping”

La era híbrida, dominante desde 2014 con equipos como Mercedes AMG Petronas F1 Team y más recientemente Red Bull Racing, empieza a mostrar fisuras.

Uno de los principales problemas es la gestión energética. En ciertos circuitos, los monoplazas no logran recuperar suficiente energía, lo que genera el fenómeno conocido como “superclipping”: una pérdida repentina de potencia en plena recta. Esto no solo afecta el espectáculo, sino que también introduce diferencias de velocidad potencialmente peligrosas.

Un V8 permitiría reducir la dependencia eléctrica y establecer una relación más equilibrada entre motor térmico y eléctrico, en rangos estimados entre 10/90 y 30/70.


Obstáculos en el camino: inversión y tiempos

A pesar de sus ventajas, el regreso del V8 no está exento de desafíos. El principal es el calendario: introducir un cambio tan grande en 2030 coincide prácticamente con el cierre del ciclo reglamentario que se iniciará en 2026.

Además, los fabricantes no ven con buenos ojos invertir en dos desarrollos paralelos en un corto periodo. Esto ya quedó claro en 2025, cuando se descartó el regreso del V10 por falta de apoyo de la mayoría de proveedores.


Un futuro en debate

La discusión sigue abierta. Mientras algunos pilotos valoran los avances recientes como un “primer paso”, otros consideran que aún falta mucho por corregir en el reglamento actual.

El posible regreso del V8 representa más que una cuestión técnica: es un debate sobre la identidad de la Fórmula 1 en la próxima década.


Pronóstico: entre la nostalgia y la eficiencia

La Fórmula 1 se encuentra en un punto de inflexión. Si bien la electrificación seguirá siendo parte del camino, la presión por simplificar, reducir costos y mejorar el espectáculo podría inclinar la balanza hacia soluciones más tradicionales.

El rugido del V8, que parecía parte del pasado, vuelve a sonar como una posibilidad real. La decisión final dependerá de encontrar el equilibrio entre innovación, sostenibilidad y emoción en pista… tres factores que definirán la F1 del futuro.

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