Adrian Newey explica el enfoque detrás del AMR26 y el desafío de las nuevas regulaciones

La primera aparición del AMR26 en pista, durante el shakedown de Barcelona, captó de inmediato la atención del paddock. Para Aston Martin, sin embargo, el debut público del monoplaza significó algo más profundo: el cierre de un proceso de desarrollo comprimido, intenso y marcado por una de las mayores transformaciones regulatorias en la historia reciente de la Fórmula 1.

En el centro de ese proyecto estuvo Adrian Newey, quien se incorporó al equipo en la primavera pasada con una misión clara: diseñar el modelo que inaugura la era técnica de 2026. Posteriormente, en noviembre, asumió también el rol de director del equipo. Pese a su vasta experiencia, el ingeniero británico adopta un discurso prudente frente a un reglamento que aún considera abierto.

“Con una normativa completamente nueva, nadie puede estar seguro de haber elegido la filosofía correcta”, reconoce Newey. Incluso para él, la certeza absoluta no existe. Aun así, Aston Martin tuvo que actuar con rapidez: analizar el reglamento, definir los patrones de flujo aerodinámico deseados y construir el coche en torno a una visión global, donde cada elemento depende del resto.

Una filosofía clara, aunque exigente

Desde fuera, algunas de las soluciones elegidas podrían parecer agresivas. Newey no lo niega, pero matiza el concepto. “El camino que hemos elegido puede parecer agresivo porque incluye varias soluciones nuevas, pero nunca considero mis modelos agresivos. Simplemente seguimos lo que creemos que es la dirección correcta”.

Más que destacar una pieza concreta, el diseñador insiste en la coherencia del conjunto. “No hay un solo componente que marque la diferencia por sí solo. Todo depende de cómo funciona el auto como un todo, aerodinámica, mecánica y dinámicamente”. El desarrollo siguió una secuencia lógica: arquitectura general, distribución de masas, suspensión, diseño del morro y alerón delantero, pontones y, finalmente, la zona trasera.

Justamente allí aparece una de las señas más reconocibles del AMR26: su extrema compacidad. “Es mucho más compacto que cualquier otro coche que Aston Martin haya intentado antes”, explica Newey, destacando el esfuerzo conjunto con el departamento mecánico. “No les facilitó el trabajo, pero estuvieron a la altura del desafío”.

Un desarrollo condicionado por el tiempo

El proyecto no estuvo exento de dificultades. Newey subraya que 2026 marca un punto inédito en la F1 moderna: “Probablemente sea la primera vez que las regulaciones de motor y chasis cambian de forma simultánea”. A esto se sumaron limitaciones operativas importantes.

El nuevo túnel de viento de Silverstone no estuvo plenamente operativo hasta la primavera, y el propio Newey no se incorporó al equipo hasta marzo. “Introdujimos un modelo 2026 en el túnel de viento recién a mediados de abril, mientras que muchos rivales ya trabajaban allí desde enero”, recuerda. Ese retraso, estimado en unos cuatro meses, comprimió de forma drástica la fase de investigación y diseño.

El resultado fue un auto ensamblado prácticamente contra reloj, lo que explicó su llegada tardía al shakedown de Barcelona. “El ciclo de diseño fue extremadamente breve. Tuvimos que luchar para estar listos”, admite. Aun así, Newey se muestra relativamente tranquilo de cara a las primeras carreras, concebidas como una fase clave de aprendizaje y validación antes de las pruebas invernales.

Desarrollo antes que rendimiento inmediato

De cara al inicio de la temporada, Aston Martin evita generar expectativas desmedidas. “Preferimos priorizar el potencial de desarrollo sobre el rendimiento inmediato”, señala Newey. El objetivo fue construir una base sólida, con margen de evolución, en lugar de un vehículo optimizado para una ventana muy específica. Elementos como alerones y carrocería, anticipa, irán evolucionando a lo largo del año.

Uno de los grandes retos de 2026 será la introducción de combustibles totalmente sostenibles, un aspecto que Newey considera central. “Es uno de los puntos clave del reglamento. Aramco tiene un papel absolutamente crucial para nosotros, al igual que Valvoline en el área de lubricantes, apoyando el trabajo de Honda”. Sin ese respaldo energético, admite, el desarrollo de la unidad de potencia quedaría directamente limitado.

En una visión más amplia, Newey vuelve a destacar el rol de la F1 como laboratorio tecnológico, especialmente en el desarrollo de combustibles sintéticos, que considera una pieza relevante —aunque no única— en el camino hacia la neutralidad de carbono.

Un rol directivo con enfoque humano

Sobre su nuevo cargo como director de equipo, Newey resta dramatismo. “Para mí, es principalmente un título”, afirma. Su enfoque se centra en el desarrollo humano: orientar a los equipos, establecer una cultura de trabajo sólida y maximizar el rendimiento de cada departamento. La evaluación real de ese modelo, aclara, llegará con el tiempo. “Pregúntame a final de año”.

Entre cautela, visión colectiva y planificación a largo plazo, el mensaje de Newey es claro: Aston Martin no busca un éxito inmediato, sino construir de forma metódica su respuesta a uno de los mayores cambios técnicos que ha vivido la Fórmula 1 en décadas.

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