Ferrari encontró un respiro momentáneo del incesante escrutinio mediático al marcar el ritmo durante los entrenamientos de pretemporada en Barcelona. Sin embargo, ese alivio difícilmente basta para calmar a los tifosi. Tras un 2025 sin victorias, la presión en Maranello vuelve a ser máxima justo cuando la Fórmula 1 se adentra en una nueva era reglamentaria.
La gran incógnita es evidente: si el SF-26 no responde a las expectativas, ¿resistirá Fred Vasseur como jefe del equipo o Ferrari volverá a caer en su histórico ciclo de cambios prematuros?
Una sequía que pesa más que nunca
Ferrari no gana un título mundial desde el campeonato de constructores de 2008, la sequía más larga de su historia moderna, incluso superior a la que separó los títulos de 1983 y 1999. El patrón se repite: acercamientos al éxito, seguidos de retrocesos abruptos.
Tras quedarse cerca del título de constructores en 2024, Ferrari no logró ninguna victoria en 2025, y ese golpe ha reavivado las dudas internas. En ese contexto, la posición de Vasseur podría quedar expuesta si los primeros meses de 2026 no acompañan, aunque eso no signifique que deba ser así.
Vasseur y la lucha contra la cultura del miedo
Desde su llegada a principios de 2023, Vasseur ha trabajado para reducir el ruido interno, frenar la cultura de la culpa y devolver claridad estructural al equipo. Un enfoque sereno que contrasta con el entorno históricamente volátil de Ferrari.
Ese proceso se vio interrumpido el año pasado por los problemas de rendimiento y por rumores de reemplazo en la prensa italiana, una situación que incomodó profundamente al francés. Tampoco ayudaron declaraciones públicas del presidente John Elkann, quien en octubre criticó aspectos del equipo que consideró “no a la altura”, reavivando una cultura que Vasseur intenta erradicar: la del miedo al error.
En la Fórmula 1 moderna, donde la innovación implica asumir riesgos, reprimir la creatividad por temor a perder el puesto es una receta segura para el fracaso.
Un proyecto que necesita tiempo
En términos generales, el trabajo de Vasseur ha sido positivo. Ha logrado un entorno más estable y enfocado, aunque en ocasiones su mensaje público ha tendido a suavizar el problema del bajo rendimiento, cuando quizá era necesario afrontarlo con mayor contundencia.
Ferrari debería recordar que Jean Todt, el último gran arquitecto de su éxito, no ganó un título hasta su sexta temporada completa al mando. La reconstrucción en la F1 no es inmediata, y reiniciar el proyecto ahora implicaría desperdiciar años de reestructuración, contrataciones y ajustes internos.
Cambiar de líder significaría volver a empezar un proceso que, por naturaleza, avanza a ritmo lento. Así no se construye un equipo campeón.
Hamilton, Leclerc y un equilibrio frágil
La estabilidad no solo afecta a la dirección. También impacta directamente en los pilotos. El fichaje de Lewis Hamilton no ha tenido el inicio soñado, más allá de su victoria en el sprint de China. Si Ferrari no responde, no sería descabellado pensar en un eventual desgaste de la relación, especialmente considerando el respaldo público que Hamilton ha dado a Vasseur, a quien describió como “la principal razón por la que estoy en este equipo”.
El británico, eso sí, salió alentado de las primeras pruebas y celebró una generación de autos más divertida y compatible con su estilo de conducción.
Por su parte, Charles Leclerc, que cumplirá 29 años este año, enfrenta el riesgo de ver pasar sus mejores temporadas sin un coche campeón. Aunque sigue comprometido con Ferrari, él mismo reconoció que 2026 será clave, ya que marcará todo el nuevo ciclo reglamentario.
¿Qué tan competitivo es el Ferrari de 2026?
Las primeras sensaciones tras Barcelona sitúan a Ferrari dentro del grupo de los cuatro grandes, aunque ligeramente por detrás del favorito inicial, Mercedes, y quizás un paso abajo de McLaren y Red Bull.
La unidad de potencia parece sólida en fiabilidad, pero no líder en rendimiento. En un reglamento donde el motor tiene un peso clave en la fase inicial, Ferrari podría estar en ligera desventaja, lo que obliga al chasis y al paquete aerodinámico a compensar ese déficit.
Desde Haas, equipo cliente, Ayao Komatsu destacó la fiabilidad del motor Ferrari como una base sólida. Pero la fiabilidad no gana campeonatos: Ferrari necesita ritmo.
El verdadero desafío: evaluar el progreso, no solo los resultados
La gran pregunta no es solo cuántas victorias conseguirá Ferrari, sino qué considerará suficiente su cúpula directiva. Un escenario como el de 2025 no será aceptable, pero tampoco está claro si unas pocas victorias bastarán.
El progreso en la F1 rara vez es lineal. No todos pueden ganar siempre, y el éxito no debe medirse únicamente en títulos. Lo fundamental es determinar si la organización avanza en la dirección correcta y si los factores limitantes están claramente identificados.
Si Fred Vasseur, un líder respetado, externo a la política interna de Ferrari y con amplio reconocimiento en el paddock, no puede completar este proceso, la pregunta es inevitable: ¿quién podría hacerlo?
Otro cambio de liderazgo solo reiniciaría un ciclo que Ferrari conoce demasiado bien. Y tanto la Scuderia como la Fórmula 1 merecen algo mejor que repetir, una vez más, la misma historia.