Hay subastas de autos de colección… y luego está Mecum Kissimmee. Cada enero, Florida se convierte en el epicentro mundial de la potencia, el cromo y la historia sobre ruedas, con entusiastas llegados de todos los rincones para participar en la Subasta de Autos de Colección Más Grande del Mundo®.
En la edición 2026, entre motores V8 rugiendo y carrocerías impecables, una historia destaca por encima del resto: la Colección Carl Moyer, un conjunto que va mucho más allá de los números y las rarezas, y que funciona como un auténtico tributo a una vida dedicada al automóvil.
Más que autos: el reflejo de una vida
La Colección Carl Moyer no es solo una alineación de máquinas extraordinarias. Es el reflejo del carácter, la ética y la pasión de Carl Moyer, fundador de Karl Chevrolet y Karl Auto Group, un hombre que entendía los autos como arte, competencia y forma de vida.
Cada vehículo cuenta un capítulo distinto de su historia: su amor por la ingeniería estadounidense, su obsesión por la calidad y su profunda conexión con la cultura del taller y las carreras. Todo, seleccionado con un criterio claro y sin concesiones.
“Creo que lo que más enorgullecía a Carl era la calidad excepcional de su colección”, recordó su nieta, Jami Paulson. “Vivía con una filosofía muy clara: nunca tener ni hacer nada por lo que tuviera que disculparse. Y su colección reflejaba exactamente eso”.

De Iowa al corazón del automovilismo americano
El legado de Moyer nació lejos de los reflectores, en el suelo manchado de aceite de Herman’s Texaco, donde dio sus primeros pasos vendiendo autos y aprendiendo el arte de negociar. A los 19 años ya era gerente de ventas, pero nunca dejó atrás la emoción de las carreras de los viernes por la noche en el recinto ferial de Iowa.
“Cualquiera que conociera a Carl sabía que era un competidor nato”, señaló Paulson. “Desde niño le fascinaban las carreras y todo lo que las rodea”.
Esa pasión se transformó en un proyecto de vida. En 1978 fundó Karl Chevrolet con una pequeña concesionaria en Ankeny, Iowa. Décadas después, ese sueño se convirtió en Karl Auto Group, con diez empresas y cientos de empleados, sin que Moyer perdiera nunca su espíritu de corredor.
En 1986 dio el salto a la competición profesional, destacándose en drag racing, donde ganó dos campeonatos mundiales Pro Modified a principios de los años 90. Más adelante, ya en los 2000, incursionó en las carreras de camionetas todoterreno, compitiendo incluso junto a sus hijos.
Una colección sin época, pero con identidad
La selección que llega a Mecum Kissimmee 2026 no responde a una sola era ni a un tipo específico de vehículo. Lo que une a todos es una misma filosofía.
“No tenía una época favorita”, explicó Paulson. “Pero todos los autos que mandó a construir o seleccionó tenían la misma esencia: diseño limpio, elegancia sin excesos y mucha potencia bajo el capó”.
Joyas sobre ruedas

Entre los modelos más destacados aparece el Chevrolet Master Deluxe Custom Coupe 1938, con su elegante tono gris, detalles en rojo y un V8 ZZ350 que mezcla espíritu clásico con músculo moderno.
Le sigue el Ford Cabriolet 1936, refinado y crudo a la vez, impulsado por un V8 Flathead de 221 pulgadas cúbicas, con una presencia que captura perfectamente la dualidad de Moyer: pasión y precisión.
Para los amantes del muscle car puro, el Chevrolet Chevelle SS 1969 ofrece una dosis directa de Detroit, con su V8 de 396, pintura turquesa y detalles que evocan la época dorada de los autos de alto desempeño.
El nivel de involucramiento personal de Moyer se percibe con claridad en creaciones como el Ford Hi-Boy Roadster 1932, construido por Karl Kustoms,

o el impresionante Chevrolet Corvette Custom Convertible 1958, con motor LS3, chasis Art Morrison y suspensión moderna, una verdadera fusión entre pasado y presente.
La joya más personal
Entre todas las piezas, hay una que sobresale por su carga emocional: el Ford Thunderbolt 1964. Uno de solo 100 ejemplares fabricados, este ícono de las pistas fue conducido por el propio Moyer y conserva componentes originales que lo convierten en una pieza histórica de enorme valor sentimental.
“No sé si hay un solo auto que lo represente por completo”, confesó Paulson. “Pero cuando ves toda la colección junta, entiendes quién era. Rareza, clase, velocidad y calidad. Eso no solo define los autos, define a mi abuelo”.
Un legado que sigue resonando
Cuando la Colección Carl Moyer cruce el escenario de Mecum Kissimmee 2026, no solo se subastarán autos excepcionales. También se pondrán en juego recuerdos, emociones y una historia construida a base de trabajo, familia y pasión por los motores.
Cada golpe de mazo será un eco del espíritu de un hombre que vivió para conducir, competir y crear. Y aunque los autos cambien de manos, el legado de Carl Moyer seguirá rodando.